Sophia Thomalla y el cuento que marcó a su familia

El legado oculto de «Tres avellanas para Cenicienta».

Cada diciembre, cuando la nieve cubre los tejados y las luces iluminan las calles, millones de europeos encienden el televisor para dejarse envolver por la magia de «Tres avellanas para Cenicienta».

Estrenada en 1973, esta coproducción checoslovaco-alemana se ha convertido en un ritual navideño, un puente entre generaciones que sigue vivo más de medio siglo después.

Lo que pocos saben es que este cuento de hadas guarda un vínculo inesperado con una de las personalidades más mediáticas de Alemania: Sophia Thomalla.

Una herencia familiar entre bastidores

El abuelo de Sophia, Alfred Thomalla, trabajó como escenógrafo en la película. Su labor en la construcción de escenarios mágicos no sólo dio vida a uno de los clásicos más queridos de Europa, sino que también marcó el destino de su hija, Simone Thomalla, quien creció rodeada de cine y teatro hasta convertirse en actriz reconocida.

De esa cadena de influencias nació Sophia en 1989. Hoy, como presentadora y actriz, lleva consigo un legado cultural que se remonta a aquel rodaje en plena Guerra Fría.

La frase «sin Cenicienta no existiría Sophia Thomalla» se entiende como metáfora: sin el trabajo de su abuelo en el filme, quizá la historia artística de la familia habría sido distinta.

Curiosidades del rodaje

El castillo de Moritzburg: Situado cerca de Dresden, fue el escenario principal. Cada invierno, se convierte en un museo vivo del filme, atrayendo a miles de visitantes.

La nieve como protagonista: El guión original imaginaba un verano, pero el rodaje en invierno regaló las escenas más icónicas.

La inolvidable Cenicienta: La actriz checa Libuše Šafránková encarnó el papel con una dulzura que la convirtió en símbolo cultural.

Un puente en tiempos difíciles: La película fue fruto de la colaboración entre los Barrandov Studios de Checoslovaquia y la DEFA de Alemania Oriental, un raro ejemplo de cooperación artística en plena Guerra Fría.

Vestuario de lujo: Diseñado por Theodor Pištěk, quien años después ganaría un Óscar por Amadeus.

Un fenómeno europeo: En Noruega, la película se emite cada 24 de diciembre a las 11:00, como parte de la tradición nacional.

Más allá del mito

El caso de Sophia Thomalla demuestra cómo un clásico cinematográfico puede trascender la pantalla y convertirse en parte de la genealogía cultural de una familia.

«Tres avellanas para Cenicienta» no sólo es un cuento de hadas en celuloide: es también el origen de una historia artística que, décadas después, sigue viva en la televisión y los escenarios alemanes.

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