Hamburgo salva a sus muñecos de nieve

Tras una nevada poco habitual, varios puentes de Hamburgo amanecieron llenos de pequeños muñecos de nieve construidos por vecinos que buscaban aprovechar el paisaje invernal.

Las diminutas figuras, colocadas en fila sobre barandillas y muros, se convirtieron rápidamente en una atracción espontánea: peatones se detenían a fotografiarlas y las redes sociales las difundieron como un símbolo de alegría en medio del temporal.

La historia tomó un giro inesperado cuando algunos de estos muñecos fueron destruidos. Lejos de resignarse, los habitantes reaccionaron con creatividad y buen humor.

Decenas de personas salieron a reconstruirlos, muchas veces añadiendo detalles nuevos: ramitas, piedritas, pequeñas bufandas improvisadas. En pocas horas, los puentes volvieron a llenarse de figuras blancas, esta vez con un aire de resistencia colectiva.

El episodio, aunque sencillo, mostró la capacidad de la ciudad para unirse en torno a un gesto mínimo. En días marcados por el frío extremo y las complicaciones del clima, los muñecos de nieve se transformaron en un recordatorio de que la solidaridad también puede nacer de lo cotidiano.

Hamburgo no sólo recuperó sus muñecos: recuperó, por un momento, un espíritu compartido.

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