La expansión de OnlyFans en Alemania ha encendido un debate que va mucho más allá del entretenimiento digital.
En un país donde la prostitución es legal y regulada, la aparición de plataformas que permiten vender contenido sexual desde casa ha difuminado las fronteras entre trabajo sexual, economía digital y precariedad juvenil.
Lo que para algunos es una vía de empoderamiento, para otros es un síntoma de un sistema que empuja a los jóvenes a monetizar su intimidad para sobrevivir.
Aunque OnlyFans no publica cifras desglosadas por país, investigadores de la Universidad de Hamburgo y la Universidad Libre de Berlín han analizado patrones de actividad y estiman que entre 300.000 y 500.000 personas en Alemania han creado contenido sexual remunerado en plataformas digitales.
Un marco legal que facilita el terreno
Alemania es uno de los países más permisivos de Europa en materia de trabajo sexual. La prostitución es legal, está regulada y quienes la ejercen deben registrarse y pagar impuestos. Este marco, pensado para proteger a las personas trabajadoras del sexo, también ha abierto la puerta a nuevas formas de actividad sexual remunerada que no existían cuando se redactaron las leyes.
OnlyFans no encaja del todo en las categorías tradicionales: no hay contacto físico, pero sí intercambio económico por contenido sexual. No hay burdeles, pero sí suscripciones mensuales. No hay proxenetas, pero sí algoritmos que premian la exposición constante.
La economía del sexo se digitaliza
La facilidad para abrir una cuenta y empezar a generar ingresos ha convertido a OnlyFans en una opción atractiva para estudiantes, trabajadores precarios y jóvenes que buscan complementar su salario. La inflación, el aumento del coste de vida y los alquileres desorbitados han empujado a muchos a considerar esta vía.
Datos sobre ingresos
Los ingresos en OnlyFans son extremadamente desiguales:
La mayoría de los creadores ganan entre 100 y 500 euros al mes.
Un porcentaje pequeño —menos del 10%— supera los 1.000 euros mensuales.
Sólo una minoría, alrededor del 1%, alcanza cifras superiores a los 5.000 euros mensuales.
La plataforma se queda con un 20% de comisión de todos los ingresos.
En Alemania, varios estudios universitarios han señalado que estudiantes y jóvenes trabajadores recurren a plataformas de contenido sexual como complemento económico, especialmente en ciudades donde el alquiler consume más del 40% del salario medio.
El debate social: empoderamiento o precariedad
La sociedad alemana se encuentra dividida.
Quienes critican la plataforma señalan:
La normalización del trabajo sexual entre jóvenes.
La presión económica como motor principal de entrada.
El riesgo de exposición permanente: filtraciones, acoso, estigma laboral.
La falta de preparación emocional para gestionar la atención sexualizada.
Quienes la defienden argumentan:
Mayor autonomía y seguridad que en el trabajo sexual presencial.
Eliminación de intermediarios y estructuras de explotación.
Capacidad de decidir qué mostrar, cuándo y a quién.
Una forma legítima de monetizar la propia imagen.
Ambas posturas coinciden en algo: la plataforma ha cambiado las reglas del juego y ha difuminado las fronteras entre lo íntimo, lo laboral y lo público.
Testimonios: voces desde dentro
Lena, 22 años, Berlín
“No entré por empoderamiento. Entré porque el alquiler subió 200 euros y mi trabajo de camarera no daba para más. OnlyFans era rápido. Pero no te cuentan la ansiedad de estar siempre disponible, de competir con miles de chicas, de sentir que si no enseñas más, ganas menos».
Saskia, 31 años, Hamburgo
“Trabajé en un club durante años. OnlyFans parecía más seguro. Pero la presión es distinta: aquí no te explota un proxeneta, te explota el algoritmo. Si no publicas cada día, desapareces».
Nadine, 19 años, Colonia
“Mis amigas lo veían como algo normal. ‘Solo son fotos’, decían. Pero cuando un compañero de clase encontró mi perfil, me di cuenta de que no era solo un trabajo. Es una marca que te sigue para siempre».
¿Hacia dónde va Alemania?
OnlyFans ha puesto sobre la mesa una realidad incómoda: la prostitución ya no está en las calles ni en los burdeles. Está en los teléfonos, en los dormitorios y en la economía digital. Y Alemania, con su marco legal único, se ha convertido en uno de los escenarios donde este cambio se observa con mayor claridad.
Alemania deberá decidir si regula estas plataformas como trabajo sexual, como economía digital o como una categoría completamente nueva. Mientras tanto, miles de jóvenes siguen navegando entre la necesidad económica, la exposición pública y la búsqueda de autonomía.
OnlyFans ha convertido la intimidad en un producto y la prostitución en algo que, literalmente, puede comenzar con un clic. El debate ya no es si esto es bueno o malo, sino qué dice de la sociedad que lo ha hecho posible.
